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¿Cómo cotizar a pensiones desde el exterior?

 

Jubilación para colombianos en el exteriorHay muchos casos de colombianos que aportan a pensiones durante su vida laboral y faltando unos años se van del país. Otros que trabajaron en el exterior toda su vida y que desean volver a pasar su vejez. Otros que viviendo fuera del país no cotizan a pensiones. ¿Qué pueden hacer para garantizar calidad de vida en su vejez?

 

Realizar aportes al régimen de pensiones desde el exterior es sin duda una buena opción, sobre todo para aquellos emigrantes que han pasado su vida laboral en diferentes países del mundo y quieren garantizar una buena calidad de vida en su vejez. Existen muchos casos de personas que han trabajado toda su vida en el país, que han cotizado a pensiones durante toda su vida y que por una u otra razón deciden irse a vivir al exterior. Al pasar los años, cuando llega el momento de pensionarse, no lo logran porque sus aportes no tienen la vigencia y no completaron las semanas cotizadas para hacerlo.


Por ejemplo, una persona que lleva 1.000 semanas cotizadas o 19 años de aportes a pensiones, decide irse a vivir a Estados Unidos y no continúa aportando al sistema, en el momento de cumplir los años para recibir su pensión, de invalidarse o morir, no tendrá derecho a este beneficio, pues no completará el mínimo de aportes requerido por la ley para acogerse que es de 50 semanas cotizadas en los últimos 3 años.


En este caso, dejar de cotizar le representa a esta persona dos cosas: No alcanza la pensión de vejez y, en caso de invalidez, queda desprotegido y en caso de muerte sus beneficiarios no podrían reclamar su pensión.

¿Cómo aportar?

Actualmente, el Instituto de Seguros Sociales (ISS) y los fondos de pensiones ofrecen alternativas para realizar el pago de los aportes desde cualquier país del mundo. Lo único que debe hacer es afiliarse como independiente, que es la categoría para los colombianos residentes en el exterior.


Así como para los residentes, el salario base de cotización de los colombianos en el exterior no podrá ser menor a un salario mínimo legal mensual vigente, ni superior a veinticinco (25) salarios mínimos legales mensuales vigentes en Colombia, esto aplica también para los residentes.


Las condiciones de edad y semanas cotizadas para pensionarse son las mismas que aplican para los que residen en el país. En el momento de cumplir con los requisitos la persona puede decidir el canal por donde quiere que le consignen su mesada pensional. Así se garantiza que aunque usted viva en el exterior, tenga acceso a la pensión que tiene derecho y para la cual ahorró durante toda su vida laboral.


Cada fondo de pensiones tiene sus políticas de afiliación, por ejemplo Porvenir, solo acepta la afiliación personal; mientras que Horizonte permite que la persona envíe su formulario por correo certificado; o el caso de Protección que puede llenar el formulario en su sitio en Internet para que un asesor lo contacte y formalice su afiliación.


Por su parte, el ISS tiene “el programa colombiano seguro en el exterior”, que les permite también a todos los colombianos que no residen en el país empezar o continuar con sus aportes al sistema.

Un convenio de seguridad social para Iberoamérica

Además del canal tradicional, existe un convenio que entró en rigor en mayo de este año, y que aún no ha sido ratificado por el gobierno nacional, con el cual se garantiza que los colombianos que trabajen en alguno de los países participantes puedan aportar a pensiones y que en el momento de su regreso al país o que se desplacen entre países, conserven y sigan acumulando sus semanas cotizadas y sus aportes.


Los países que están dentro del convenio son Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Chile, Ecuador, El Salvador, España, Paraguay, Perú, Portugal, Uruguay y Venezuela. Los países que faltan por ratificar el convenio son Colombia, Costa Rica, Perú y Venezuela.


Este acuerdo es de suma importancia, pues garantiza que los colombianos puedan evitar la pérdida de derechos en materia de pensiones de vejez, incapacidad, muerte y sobrevivencia de la población migrante y sus familias, al posibilitar la acumulación de los períodos cotizados en distintos Estados para la obtención de las prestaciones, dando la alternativa de percibirlas en un país distinto de aquel en el que se generaron.


Tomado de finanzaspersonales.com.co

 

Historias del Retorno: "Aquí también se puede construir un futuro"

Javier LondoñoJavier Londoño siente que el regreso a Colombia lo sacó del letargo en el que estaba sumido en Madrid. “Llevaba varios meses haciendo pequeñas chapuzas que no me dejaban casi nada. Sentía que se me estaba pasando la vida sin hacer nada”, cuenta este hombre de 55 años que se acogió al plan de retorno productivo hace cinco meses.

 

Javier emigró a España hace cuatro años para reunirse con su mujer, que había partido dos años antes buscando un mejor futuro para su hija. En Armenia dejaban una marquetería que les había dado para vivir más o menos bien hasta que la situación económica del eje cafetero colombiano hizo insostenible el negocio.

 

Los primeros años en España fueron perfectos: la alegría del reencuentro con su mujer, una economía que no paraba de crecer y un buen trabajo con la misma familia que empleaba a su pareja. Se fue como mayordomo y jardinero de una finca en Támara, en la fría provincia de Palencia. Cada ocho días se veía con su esposa, ya fuera porque ella subía al pueblo o porque él viajaba a Madrid. “Lo mejor eran los veranos, que los pasábamos juntos de principio a fin”. Como si fuera poco, al año pudieron reagrupar a su hija, que en esa época contaba con siete años. “Queríamos que tuviera la mejor educación y creo que lo logramos”, recuerda Javier.

 

Al cabo de dos años en la finca, el Ayuntamiento de Támara le ofreció convertirse en el jardinero oficial del pueblo, una oportunidad que no quiso desaprovechar. Sin embargo, en octubre de 2010 el trabajo empezó a escasear, al tiempo que se hizo más urgente la necesidad de estar junto a su esposa y su hija en Madrid, así que decidió mudarse a la capital.

 

“Fue una gran decepción porque nunca encontré oportunidades. Sólo me ofrecían pequeños trabajos como pintor”, detalla Javier, que empezó a echar mano de los ahorros para sobrevivir. “Yo nunca había pensado en regresar a Colombia. Mi esposa me decía que no me preocupara por el dinero, pero yo era consciente de que a mi edad no podía dejar que el tiempo se me pasara”, reflexiona.

 

Mientras el tiempo pasaba, Javier escuchaba la radio latina todos los días sin pensar que ahí encontraría la respuesta que estaba buscando. Una mañana oyó hablar de AESCO y el programa de retorno productivo que gestionaba con fondos del Gobierno español. Sin contarle a nadie en su casa, se fue a la sede de la entidad en Vallecas y terminó inscrito en un programa de emprendimiento. “Ahí empecé a pensar en el retorno, porque yo siempre he trabajado de independiente y me va bien en los negocios”, dice.

 

No quería contarle nada a su familia hasta tener las cosas claras, así que consultó la idea con su hija mayor, que había montado un exitoso negocio de distribución de ropa en Manizales. “Me dio todo su apoyo”, subraya Javier, que empezó a definir su proyecto de retorno. La idea era comprarle ropa al por mayor a su hija para venderla entre particulares en Armenia. “Ya tenía la clientela conseguida, porque antes había vendido ropa”, afirma este emprendedor.

Javier Londoño

 

Presentó el proyecto en AESCO, donde le ayudaron a pulir el plan de negocio y le consiguieron una subvención de 1.950 euros más el pasaje de regreso, en el marco del programa de retorno productivo. La única condición era la entrega del permiso de residencia. “Eso fue lo más duro, porque implicaba separarme de mi esposa y mi hija durante al menos tres años”, cuenta mientras se le entristece la cara.

 

Y es que la lejanía familiar es lo único que la ha dado duro del regreso. “Mi esposa se quedó trabajando en Madrid. Chateamos todos los días a las 11 de la noche de aquí y después ella me llama a las 6 de la mañana”, puntualiza Javier, que asegura que la buena marcha del negocio lo ha ayudado a superar la separación.

 

“AESCO me dio una nueva vida acá en Armenia y quiero demostrarles a mi esposa y a mi hija que desde aquí también puedo luchar por el sueño de tener una casa propia”, señala este emigrante retornado.

 

Y es que, afortunadamente, su negocio ha empezado con pie derecho gracias a una cuidadosa organización. Además del dinero que recibió del Retorno Productivo, Javier invirtió siete millones de pesos que había conseguido ahorrar en España. Antes de llegar le encargó a su hija un lote de ropa por cinco millones, que empezó a vender desde el día en que tocó su tierra. “Yo creo que la clave para un regreso exitoso es trabajar mucho y no depender únicamente de la plata del retorno productivo”, opina Javier.

 

Ese primer lote de ropa ya lo vendió entre una clientela que todavía recordaba su arte para satisfacer los caprichos de cada uno. “Yo hago una venta personalizada”, aclara orgulloso. Pero además, de recorrer el centro de Armenia vendiendo textiles, Javier ha puesto en práctica algo que aprendió en España: “uno debe tener varios trabajos, entonces si me llaman a hacer un reemplazo en oficios varios de un edificio o pequeñas obras de pintura, me apunto, no le digo que no a nada”, subraya mientras saluda a todos los que pasan por el parque Bolívar en Armenia, porque aunque parezca que nunca se hubiera ido de su tierra, Javier ha vuelto para luchar por sus sueños.

 

Leer más... Historias del Retorno I: De Madrid a una perdida en la montaña

 

¿Cómo conseguir que el voto en las elecciones locales sea una realidad para los colombianos en el exterior?

Colombianos votando en Madrid

 

Por: Álvaro Ruge, presidente de AESCO Colombia

 

Nuestra experiencia y trabajo continuado en el logro de políticas públicas integrales Migratorias en las zonas de origen migratorio en Colombia durante más de diez años, nos ha llevado a concluir la falta de voluntad política para asumir la gestión integral de las migraciones internacionales de los colombianos y la defensa de sus derechos y los de sus familias. Baste sólo decir que, ningún senador o representante del eje cafetero se implicó en el diseño y formulación del Conpes migratorio 3603 o en el trámite de la ley 1465 (Sistema Nacional de Migraciones) que requiere desarrollo continuado o en el trámite actual del proyecto de Ley 214 sobre el retorno.


Es evidente el descuido de la atención de los asuntos migratorios en Risaralda, la zona del país que tiene la mayor propensión migratoria y en donde las remesas laborales llegan a ser cinco veces el presupuesto departamental. Aquí el lamentable desmedro de recursos de cooperación internacional y de la multilateralidad -que no de los presupuestos locales y regionales porque son inexistentes- y la orgía de contrataciones sin oficio y ningún resultado real de atención a la ciudadanía y la total descoordinación por eternas rencillas políticas de los ejecutivos locales y regionales, que sólo atienden con ello a criterios clientelistas eternos. Las políticas públicas migratorias no se pueden dar sólo con el empleo de recursos de cooperación internacional.

 

Hoy tenemos ya algo más de 90 mil colombianos, nacionalizados españoles y, en tres años según cifras del INE español, podrían ser algo más de 300 mil. Los que aún no se han nacionalizado, pueden participar en las elecciones locales cuando acceden a la tarjeta de residencia permanente. Lo paradójico es que no pueden votar en sus municipios y regiones de origen en Colombia

 

La constitución de 1991 cercenó el derecho a la representación política de los colombianos en el exterior por el sólo hecho de trabajar fuera del territorio colombiano. En ese entonces, había alrededor de 450 mil emigrantes colombianos. Hoy son más de 4.5 millones de ciudadanos cuyos intereses económicos, de apoyo integral a sus familias en lo económico, social y familiar no tienen medidas reales de atención, acompañamiento e intervención en sus municipios de origen. No cuentan en los cálculos electorales de quienes ejercen y pretenden ejercer la representación política en Concejos y Asambleas Departamentales, ni en la conformación política de los ejecutivos locales o regionales.

 

Son incalculables las consecuencias negativas por esta tozuda renuencia a darle gobernabilidad a un evento migratorio que comporta en una buena y deseable gestión, verdaderas oportunidades de desarrollo local, porque no es coincidencia tampoco, que las zonas de mayor origen migratorio sean igualmente las que muestran mayores niveles de desempleo estructural en Colombia.

 

Ponemos de nuevo a su consideración el hecho, queremos debatir y analizar el asunto, porque consideramos que es necesario presentar un acto legislativo de reforma de la constitución que dé solución a la falta de representación política de los colombianos en el exterior, representación que requiere la calidad activa y pasiva en el ejercicio del voto en igualdad de condiciones al resto de colombianos.

 

Es necesario preguntarse ¿podemos votar como españoles en España, pero no integralmente como colombianos en Colombia?,¿Qué intereses lesiona la participación política de los colombianos en el exterior en Colombia, si votan en igualdad de condiciones al resto de connacionales?.

 

Las remesas laborales no bajan, según los reportes últimos del Banco de la República, remesas que son utilizadas en algo más del 97% en gastos recurrentes de las familias receptoras. Este hecho prueba que la inmensa mayoría de los colombianos en el exterior están allí para trabajar y ayudar al sostenimiento y sobrevivencia de sus familias que siguen en Colombia, pagan la educación de sus hijos, la seguridad social de sus familias y de sus ancianos en Colombia, que mantienen los nexos con sus localidades y regiones y que seguramente volverán al país porque las normativas migratorias en sus sitios de trabajo no facilitan ni facilitarán la reagrupación familiar y su consolidación económica y social en el exterior.

 

Es urgente un acto legislativo reformatorio de la Constitución Nacional para alcanzar el voto activo y pasivo en las elecciones regionales y locales por parte de los inmigrantes colombianos. La diáspora colombiana requiere poder incidir en los planes de desarrollo local y regional. No están representados por nadie y aportan la segunda cifra de divisas ingresadas al país. Necesitan un cuerpo integral de políticas públicas migratorias, con corresponsabilidad de los tres niveles de gobierno, que atienda a sus familias, que potencie el uso más productivo de las remesas laborales y les permita ser vectores del desarrollo local.

Foto: Cortesía enlatino.com

 

De Madrid a una granja perdida en la montaña

Ligia Acevedo en su fincaMaría Ligia Acevedo cambió la algarabía de Cuatro Caminos por el silencio de las montañas cafeteras. Dejó de limpiar los autobuses de Madrid para darles de comer a sus trece cerdos y 35 gallinas. Y viendo su arte para sembrar frijol y maíz, nadie creería que vivió nueve años en España y que acaba de cumplir su primer aniversario como beneficiaria del Plan de Retorno Productivo.

Ligia, como muchas mujeres del Eje Cafetero, tomó la decisión de emigrar a España en 2001, poco antes de que empezaran a exigir visa. Atrás dejó siete hijos (“ya criados”, aclara) y se lanzó a la reinventarse la vida a sus cincuenta años. Después de probar suerte en varias ciudades, se instaló en Madrid para cuidar a una anciana hasta sus últimos días. “Ella fue la que me regaló el reloj que tengo aquí”, cuenta María Ligia, al tiempo que señala la pared de bareque (tierra) de su casa. Al morir “la abuelita”, siguió trabajando en casas de familia y limpiando los buses de la Empresa Municipal de Transportes (EMT) de Madrid.

Poco a poco fue completando el “curso del inmigrante”: se regularizó, enviaba remesas y tenía muchas, muchísimas amigas que la adoraban. “Todavía la llaman cada ocho días”, dice su hijo Eliú mientras acomoda el teléfono móvil en el único rincón donde tiene cobertura.

Pero la soledad y el trabajo físico comenzaron a desgastarla. “Se me agravó un problema que tenía en la pierna y, para acabar de completar, la médica me dijo que mostraba signos de depresión, yo que nunca había sufrido de eso”, explica María Ligia, a quien la ausencia de su familia le empezaba a pesar como una losa. Ese campanazo de alerta la hizo pensar por primera vez en el regreso a su tierra. Le comentó la idea a su jefa, que le recomendó que acudiera a AESCO, pues sabía que la entidad gestionaba planes de retorno del Gobierno español.

En la sede madrileña de AESCO se entrevistó con Josefa Guirado, responsable del programa de retorno productivo. Guirado se quedó sorprendida con la idea de empresa que venía madurando Ligia: quería montar una granja de cerdos y pollos en el corazón del Eje Cafetero de Colombia. Aunque no tenía un terreno propio, ya le había propuesto un buen negocio a un familiar lejano que vivía solo en las montañas de Ansermanuevo, Risaralda. Ella le pagaría un alquiler mensual muy bajo por la finca y, a cambio, compartirían la centenaria vivienda y los gastos de comida y servicios.

El proyecto era muy novedoso, pues significaba cambiar el ajetreo de la ciudad por los rigores del campo. “Josefa me ayudó a organizar el plan de negocio, mientras uno de mis hijos cotizaba los materiales para todo el montaje”, cuenta Ligia. En menos de dos meses estaba haciendo maletas con 600 euros en el bolsillo para arrancar su negocio y un billete de ida a Colombia.

“Todo fue muy rápido y me tocó empezar a trabajar desde el primer día que llegué al país porque no traía ahorros”, explica Ligia, quien recibió los tres millones de pesos (unos 1.200 euros) restantes a través del comité de Educación y Formación de AESCO en Pereira. “Lo bueno fue que me sentí muy acompañada desde Madrid por Josefa y aquí por Edwin (Buitrago) que siempre estuvo orientándome para solucionar los problemas que fueron apareciendo”, agrega.

Ligia Acevedo

 

Y es que ningún comienzo es color de rosa. El plan inicial de Ligia era comprar pollos pequeños para engordarlos y venderlos en el pueblo de Ansermanuevo, pero nadie contaba con las dificultades de comunicación de la finca. Para llegar a la vereda El Castillo hay que subir por un camino de tierra y barro que se va haciendo más estrecho a medida que se acerca a la finca. El único medio de entrar y salir es el todoterreno de un vecino que transporta pasajeros los fines de semana. “Cuando sacamos a vender los pollos se nos fue casi toda la ganancia en el “flete”, no se imagina la tristeza que nos dio”, recuerda la empresaria recién estrenada.

El negocio giró entonces hacia la comercialización de huevos entre los vecinos de la vereda y fortaleció el engorde de cerdos, que deja un margen mucho más amplio que los pollos. “Además, estoy sembrando fríjol y maíz, y me gustaría ampliar el gallinero porque no doy abasto con los huevos”, subraya Ligia, que está buscando un micro crédito para continuar la expansión de su negocio.  Sin embargo, su sueño de crecer se choca con la realidad de los bancos: como no tiene experiencia crediticia, no califica para un préstamo. “Creo que los retornados necesitamos más apoyo económico porque le estamos aportando al desarrollo del país”, argumenta Ligia.

Pero al margen de los desafíos económicos, Ligia está feliz de haber regresado a su tierra. “Estoy trabajando por lo mío, soy mi propia jefa. Fuera de eso, pude celebrar el día de la madre junto a mis hijos por primera vez en diez años”, recuerda. “Yo le recomendaría a la gente que está pensando en volver que planeen muy bien las cosas antes de venirse, yo no he parado de trabajar desde que llegué pero no me arrepiento”, asegura Ligia mientras pone un disco Isabel Pantoja, una de las grandes pasiones que se trajo de España, junto a su afición a la paella. “Es que hay muchas cosas de allá que uno extraña”, concluye.

 

 
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